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  • moneda Franco pacífico francés
  • idioma oficial Tahitiano/Francés
  • capital Papeete
  • huso horario UTC −10:00
  • clima Tropical
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Conoce Polinesia Francesa a través de nuestras experiencias

Vive la fantasía de la Polinesia Francesa

No hay manera de seguir resistiéndose a este paraíso único. Haz realidad el sueño de tu subconsciente.

Información general

Tahití es la isla de mayor tamaño, pero  sólo es una estrella en esta enorme constelación.  El archipiélago austral, las Islas Sociedad, las Islas Marquesas, Moorea, Bora Bora, Rurutu… Nombres y rincones que completan este bello micro-universo, diseñado para hacer realidad ese, tu sueño.

Sí, son las antípodas de nuestra realidad en muchos aspectos, no sólo geográficamente: el tiempo allí se detiene, casi literalmente, las relaciones se basan en una abierta sonrisa desde el primer segundo, la naturaleza, en todas sus vertientes, terrestres, acuáticas o celestiales, nos hará, sencillamente, suspirar de puro placer y relajación. Una postal del edén no está en tu buzón, sino bajo los dedos de tus pies, envueltos en fina arena blanca frente a tus ojos risueños, empapados en salitre, en la yema de tus dedos, que abrazan un coco agujereado para ser bebido.

Gauguin, con sus cuadros sobre Tahití y sus gentes, de colores primarios, vivos e intensos, ya nos sirvió, desde hace décadas, como reclamo para visitar este paraíso en la Tierra.

Los dibujos tribales en los tatuajes (“tatau”), sobre la piel de los hombres de estas islas, los “marae”, monumentos, sepulturas y esculturas en bloques de basalto, los platos típicos de su cocina, como el Ma´a Tahiti, pescado crudo o cocinado con leche de coco y verduras, los collares de flores, que unas muchachas te cuelgan del cuello al llegar, muestran la esencia de la cultura polinesia. Se palpa, se huele, se saborea.

Las islas son una mezcla, casi perfecta, de dicha cultura y la influencia colonial francesa que recibieron desde el siglo XVIII. Conviven en simbiosis, en una armoniosa paleta de estímulos y sensualidad tropicales, elegancia y sofisticación franco-europea; y el viajero, con la fortuna de estar allí, lo disfrutará.

La calidad humana del pueblo polinesio, es, de por sí, el premio de oro de ese viaje.

El premio de plata, ver una ballena jorobada vigilando a su cría  a escasos metros de ti.

El premio de bronce, no querer salir nunca de un agua cálida como pocas, porque, al meterte dentro, un mero, naranja como el sol de poniente, te mira curioso.

Antes de viajar

La temporada alta se considera de Junio a Agosto, y en las Navidades y Año Nuevo. Los principales atractivos turísticos son invadidos por europeos y norteamericanos. El resto del año, los precios bajan; es el momento para ir.

Son 118 islas las que constituyen este archipiélago del Pacífico Sur. Tahití es únicamente la más grande. Para poder desplazarse entre ellas, puede resultar complejo (dado que hay menos ferries de lo que se necesitaría, y los vuelos varían su frecuencia según la temporada). Por ello, puede resultar altamente aconsejable reservar y contratar los traslados internos desde tu ciudad de origen.

El único aeropuerto internacional del país es el de Faa´a, en Papeete, en la Isla de Tahití. Aprovecha tu aterrizaje en él para cambiar tus divisas y adquirir suficiente dinero para toda tu estancia.

La influencia francesa, desde su llegada a las islas en el Siglo XVIII, se ha hecho palpable, en ciertos hábitos, en la cultura culinaria del archipiélago, o, por ejemplo, también en la religión de sus habitantes: el 54% se consideran protestantes, y el 30%, católicos.

Hacer buceo o snorkel en las aguas de la Polinesia Francesa es, en pocas palabras, una maravilla. Será casi seguro que podrás alquilar tu equipo, o reservar tus clases y tus inmersiones a través de los hoteles en los que te vayas a hospedar.

Cómprate al llegar un Pareu, una tela multicolor que tradicionalmente llevan tanto hombres como mujeres.

Una bicicleta alquilada puede convertirse en un buen compañero en algunas islas. Algunos hoteles las ofrecen gratuitamente.

Mete en tu maleta: un buen anti-mosquitos, un protector solar potente, unas sandalias que no se deslicen de los pies (aunque andes con ellas en el agua y sobre las rocas) y una cámara fotográfica sumergible

Como en otros muchos lugares del Mundo, en los que la vida se toma con relajo en general, y mucho más ante los imprevistos, una expresión habitual en la Polinesia es: “Aita pe´a pe´a” (“No hay problema”). Sin embargo, se denomina “fiu” a un estado de ánimo de tristeza que, en algunos momentos, ocupa el espíritu de los comúnmente muy sonrientes polinesios.

Motivos para visitar Polinesia Francesa

Sentirte abrumado frente a la belleza de los corales y los peces tropicales que te rodean, en cuanto sumerges la cabeza en el agua. Si buscas emociones más fuertes, en mar abierto, te tropezarás, zambulléndote, con mantas, rayas, delfines de nariz de botella, tiburones martillo y tiburones grises

Nunca habrás buceado en una laguna tan hermosa como la de Bora Bora, dibujada en su contorno por islotes (motu) y palmeras, y de una variedad de tonos azulados indescriptible.

Hay lugares en los que uno siente que “no se puede estar mejor”. Recuerda esta frase cuando te encuentres hospedado en un bungalow sobre el Océano Pacífico.

¿Quién lo diría? Pero en las islas se come excelentemente. El atún, el bonito, la dorada, el pez loro, el peto, pescados en general (poisson). Más frescos imposible, cocidos, fritos, a la parrilla, o, incluso, crudos. La leche de coco, es el condimento base de su cocina.

En la capital, en Papeete, Tahití, regatea hasta la saciedad en su bullicioso mercado de los domingos. Si vas de finales de Junio a finales de Julio, no te pierdas las Fiestas de Heiva i Tahiti... ¡Y vive una sucesión infinita de deportes y bailes tahitianos, y de brindis con Hinano (la cerveza local) o con “vin de Tahiti” o con Mai tai (ron, zumo de fruta y licor de coco)!

Saber cómo se hace bodyboarding del bueno.

Cuando te reciben con una “danza de bienvenida” en Moorea, Tahití o Rurutu, ya sabes que, sin duda, algo mágico va a ocurrir en esas islas. Conoces la respuesta, cuando avistas los rituales de cortejo de las ballenas jorobadas, cerca de sus costas, entre Julio y Octubre.

Un velero aproximándose a las Islas Marquesas te está llevando a un lugar para soñar despierto; Cascadas tropicales, picos volcánicos envueltos en bosques, gargantas de vértigo, calas paradisíacas, serán el regalo que te aguarda.

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