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  • idioma oficial Mandarín / Cantonés
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Conoce China a través de nuestras experiencias

China, el país de los mil viajes

El imponente nombre de China, con todo lo que conlleva a sus espaldas, llena la boca, al decidir que sea tu siguiente paso como viajero.

Información general

Asusta, en ocasiones, por su inabarcable tamaño y el desconocimiento de sus entrañas. Conmueve, por saberse atrayente. Ilusiona, por ser China y lo que desprende. Emociona, no sabes por qué, pero ya querrías estar recorriéndola de una u otra manera.

Ocurrirá tal vez: Hacer Taichí, junto a decenas de personas, en alguno de los jardines de sus parques; Contemplar, cómo, recién caída la noche, algunos, de cuclillas, prenden fuego a objetos en el suelo, como ritual diario frente a sus casas; Esquivar a las bicicletas y a los transeúntes, intentando encontrar tu huequito en un paso de cebra; Posar para una foto, junto a un bebé que te pusieron en brazos, mientras el resto de la familia espera su turno para hacerlo contigo después. Momentos que sí, se pueden vivir en China.

La cultura culinaria del país es universal. Al hablar de China, acuden platos y más platos a nuestra mente y ya se imagina uno allí, dispuesto a disfrutar de todos ellos: Te relames pensando en Dim sum, Jiaozi (empanadillas rellenas de cerdo, cordero, cangrejo, puerro, Si las quieres fritas, pídelas “guotie”) Brochetas de cordero, Dandan Mian (fideos picantes) Zhajiang Mian (fideos con salsa de cerdo), Pato laqueado (tradicional de Beijing),…

Antes de ir a China, todo ello acude a tu imaginación, y trazas planes y trayectos en su mapa gigante, intentando hilarlo todo para poder vivirlo todo. Deseas: llegar a Lhasa, la capital del Tibet, Rememorar en la actualidad la antigua Ruta de la Seda, desde Jotán o Kasgar, Pasear por los arrozales de “El espinazo del Dragón”, partiendo de Guangxi…

Sueños por los que decantarte: Uno u otro. Quizás todo es imposible. Quizás China merezca muchos viajes. Sí.

Antes de viajar

China tiene 1.300 millones de habitantes; lo cual condiciona profundamente muchos aspectos de la vida social, cultural y organizativa de su pueblo. El impacto, el choque, con nuestra propia percepción de “cómo deberían ser las cosas” es casi continuo, pero hay que acercarse a sus modos, costumbres, planteamientos y filosofía con curiosidad, pero, sobre todo, con respeto y tolerancia.

Al igual que ocurre para otros países de estas dimensiones (China tiene 9´6 millones de km2), el desplazamiento por tierra está poco recomendado, si se dispone de pocas vacaciones; sobre todo si se pretende visitar enclaves de Norte y Sur del país.

También es cierto que, si se tiene más margen de tiempo, hay autocares modernos y veloces para cualquier destino, y numerosas autopistas, que permiten conexiones relativamente rápidas entre las ciudades (aunque la densidad del tráfico y los atascos serán un mal ineludible).

Fundamentalmente, el turismo interno de China es que el acapara hoteles, restaurantes y transportes. La temporada alta en China transcurre de Mayo a Agosto, y los principales destinos turísticos se saturan en muchos casos; ocurre lo mismo a principios de Octubre (en China hay vacaciones). De Noviembre a Febrero, los turistas chinos no viajan tanto, lo que abarata los alojamientos y desplazamientos, aunque nuevamente lo hacen alrededor del Año Nuevo Chino.

Si vas en las temporadas de mayor afluencia, toma con paciencia y tolerancia las colas que inevitablemente encontrarás. 

“El regateo” a la hora de ir a los mercados: “Tái Guí le!”, significa “¡Demasiado caro!”. Pero, recuerda siempre: que no se trata de engañar ni de aprovecharse, si no de llegar a un precio justo, tanto para el comprador como para el vendedor.

Si estás varios días en Beijing, aprovecha para visitar fácilmente, a sólo un día de viaje, Simatai, para acceder a la Gran Muralla (o las tumbas de la Dinastia Ming en otra travesía).

Si quisieses encontrar tramos de la Muralla China menos congestionados (por turistas) o restaurados, habría que desplazarse hacia zonas más apartadas, al Norte de la capital.

El Mandarín es el primer idioma más hablado en el planeta, el castellano es el segundo. Pero difícilmente un español y un chino se entenderán si no hablan, entre los dos, el tercero: el inglés.

Pero no se debe subestimar tampoco el poder de la mímica, de la escritura de los símbolos chinos (para indicar un lugar, por ejemplo), o de un buen dibujo en un post-it.

Es relativamente sencillo encontrar alojamiento en los Hutong de Beijing… Un hotel básico con patio, te espera allí. Se pierde en comodidad, pero se gana en tradición y conexión con el Pekín más auténtico.

Lleva siempre billetes pequeños, para poder pagar en establecimientos que carecen de cambio (sobre todo los taxistas).

No tengas tapujos a la hora de probar las delicias culinarias chinas “más extrañas”. Es una experiencia que recordarás toda la vida si te lanzas a catar un escorpión crujiente. No se diferencia excesivamente de un langostino y está más rico de lo que se pudieses imaginar.

Motivos para visitar China

Será tópico. Pero, es EL SITIO. La Gran Muralla China, merece el viaje completo. Elige bien en qué tramo de su inmensa longitud, y en qué momento, la quieres visitar; condicionará tu percepción de la misma.

No se puede ni se debe esquivar la majestuosa Plaza de Tiananmen en Beijing, o el Mausoleo de Mao. Y, ni muchísimo menos, las salas y rincones de la Ciudad Prohibida (IMPERIAL), o del Palacio de Verano del complejo religioso del Templo del Cielo o, ya de noche, acudir al mercado nocturno de Wangfujing, a probar un gusano flambeado.

Si tienes la fortuna de poder llegar hasta el Sur de China, recorrer “La Garganta del Salto del Tigre” es algo inigualable.

Un crucero fluvial por el Río Yangtsé, el más largo de China, hasta llegar a las imponentes “Tres Gargantas”. No se puede pedir más.

Codearse con los guerreros de terracota de Xi´an.

Conocer el Beijing más antiguo, comunitario y costumbrista en los Hutong de la vieja ciudad. Sus callejuelas estrechas, sus patios atrapan al viajero que quiere huir un poco de la modernidad de la capital de China.

Mezclarse, con tu propia bicicleta, en el gigantesco fluir de ciclistas que se desplazan diariamente por las calles de cualquier metrópoli o aldea china. Después, brinda el momento con un Cha (té), en alguna “casa de Té” típica.

Shanghái es la máxima representación de la China que ya ha llegado y de la que está por llegar: Moderna, fascinante, atronadora. Esta urbe de luces y rascacielos, oculta otros encantos y decenas de estímulos: la zona de la Concesión Francesa, el malecón de El Bund,… Todo ocurre en Shanghái.

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